10 riesgos de prohibir las redes a menores

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El 3 de febrero Pedro Sánchez anunció que el gobierno de España seguirá el ejemplo de otros y prohibirá el acceso de menores de 16 años a redes sociales. No está claro todavía ni la extensión de esta medida (probablemente no solo afecte a redes sociales) ni cómo se implantará, pero a priori parece evidente que no tendrá demasiada contestación. Los medios llevan años allanando el terreno para una decisión como esta, y la derecha se ha limitado a quejarse de que les han robado su idea.

Y bueno, es “lógico”, “sentido común”, ¿no? Las redes sociales son peligrosas y las autoridades tienen una responsabilidad en cuidar a los niños frente a los peligros, ¿verdad? Eso no se debería ni discutir. A fin de cuentas, ¿qué clase de desalmado se opondría a algo que busca proteger a los niños? Y, sin embargo, hay motivos por los que oponerse.

Hoy no pretendo ser exhaustivo ni contar todo lo que hay que saber. De hecho, cada problema que identifico merece uno o más artículos enteros. Esta medida no es una ocurrencia del PSOE, Sumar o de Sánchez. Es más, forma parte de una estrategia que lleva tiempo cociéndose en otros países (por ejemplo, en la ultraderecha de EEUU), y que, como activista e investigador, he estado rastreando durante los últimos años. Lo que cuento aquí es el fruto de consultar muchas fuentes (de manera destacada, el trabajo de Taylor Lorenz) y, si no las incluyo en este post, es por afán de hacerlo sencillo, y no por atribuirme ideas ajenas.

Lo que quiero es ofrecerte una primera aproximación, una versión mascadita y en cachitos con un solo objetivo: que te pares a pensar un momento en que, quizá, prohibir el uso de redes sociales a millones de personas no es una cuestión tan sencilla. Así que ahí van diez razones por las que deberíamos darle una vueltita más:

  1. De entrada, quienes piensen que esta medida no va con ellos se equivocan. Para determinar qué usuarios son menores de edad, es imprescindible comprobar la edad de todos los usuarios. Un poco como cuando el puerta te pide el DNI para entrar en la discoteca. Esto se intenta, principalmente, instalando mecanismos que exigen verificar nuestra edad antes de acceder a una web. Aunque hay una gran variedad de software, muchos de estos programas consisten en pedir al usuario que ceda datos muy sensibles (como si compartiéramos pocos…). Por ejemplo, biométricos (una fotografía personal o su huella dactilar) o sus documentos de identidad.
  2. Una consecuencia directa es que se pone fin a la privacidad y el anonimato de nuestro uso de internet. Esto no quiere decir que dejará de haber cuentas llamadas Mr.PotatoVivaFranco88 con una foto de perfil falsa (quien lleve esa cuenta podrá seguir usando redes sociales siempre que encuentre la forma de verificar una edad mayor a 16 años), sino que será mucho más sencillo rastrear a qué contenidos hemos accedido en redes sociales y en otros lugares de Internet. Especialmente cuando se combine con otras medidas que se están discutiendo actualmente. El gobierno de España es uno de los mayores promotores en la UE de “Chat Control 2.0”, una especie de “puerta trasera” que permitirá a las autoridades rastrear automáticamente todas nuestras conversaciones encriptadas. Si os interesa, prepararé otro post sobre esto.
  3. La expansión de los mecanismos de verificación de edad implica que se comparta un mayor volumen de datos personales, creando un botín muy apetitoso para los delincuentes online. Aquí no vale la excusa de que “el gobierno se encargará de protegerlos”: todos conocemos el constante goteo de noticias sobre filtraciones masivas de datos que afectan tanto a compañías gigantes (MovistarGoogleSamsung…) como al propio Gobierno de España. Obligar a decenas de millones de usuarios a a facilitar todavía más datos sensibles atraerá a muchísimos hackers deseosos de cantar bingo con nuestra información. Deberíamos avanzar hacia compartir menos información personal, no más.
  4. Y es que no sólo corremos el riesgo de que nuestros datos sean interceptados o filtrados. Pensemos un momento en lo que implica un Internet en el que se normalice tener que facilitar datos muy sensibles cada vez que accedamos a un sitio web nuevo. Llegará un momento en el que, por costumbre o por ignorancia, muchos no se planteen lo peligroso que puede llegar a ser. Ese es el caldo de cultivo perfecto para que los ciberdelincuentes creen sitios webs ad hoc atractivos con mecanismos de verificación de edad falsos, cuyo único fin sea engañarnos y conseguir que les facilitemos información sensible. Si los adultos caemos en esas trampas (¿cuántas veces os han enviado un SMS muy realista avisándoos de un paquete o de algún problema con vuestro banco?), imaginad los menores. Sería facilísimo crear páginas webs que prometan contenido original sobre cantantes k-pop, series de TV u otros contenidos para niños en los que, para acceder, se exija que suba un selfie. Así, la verificación por edad se convierte en una nueva fuente de amenazas para los niños.
  5. La justificación que se está utilizando es que las redes sociales (e internet en general) son lugares peligrosos para los menores. Es decir, son medidas basadas en una lógica puramente securitaria: se identifica un peligro total frente al que es necesario adoptar todas las medidas posibles, por estrictas que sean. El riesgo que implica esa lógica es que puede ser una pendiente resbaladiza. Lo que este gobierno considera nocivo (la pornografía), para otro gobierno podría incluir también los contenidos LGBTI+, la prevención en salud sexual, información sobre el aborto o los testimonios del genocidio en Gaza. Así está sucediendo en EEUU, donde medidas muy similares son defendidas, principalmente, por el movimiento MAGA. De hecho, venimos de una larga historia de considerar a las personas queer como inherentemente pornográficas, o de creer que expresar nuestra realidad fomenta el “contagio social”. Vamos, que los niños se vuelven maricones y trans por ver a maricones y trans en Internet. En otras palabras: el “gobierno más progresista de la historia” está creando herramientas que también podrán ser explotadas por otros gobiernos con menos remilgos sociales.
  6. Muchos modelos de negocio en Internet se basan en atraer y retener tráfico, es decir, en que hagamos click y permanezcamos el mayor tiempo posible en el sitio web. Los mecanismos de verificación de la edad funcionan como un “paso extra”, un obstáculo que hay que superar para acceder al sitio web. Esto hará que muchas personas se piensen dos veces si entramos o no, lo que reduce el tráfico. Aunque esto pueda parecer una victoria frente a las grandes plataformas, en realidad no lo es, pues se podrán adaptar censurando preventivamente los contenidos considerados “nocivos” o “para adultos” por las autoridades o los grupos de presión más poderosos. Y esto, a su vez, desalentará que los usuarios difundan ideas críticas, polémicas o diversas, ya que no querrán ser suspendidos. Así, de autocensura en autocensura, avanzaremos hacia un Internet lavado con lejía: desinfectado, limpio y extremadamente blanco.
  7. La prohibición de que los menores accedan a redes sociales se fundamenta en la idea de que son la causa de todos los males. ¿Que los menores no leen periódicos? La culpa es de las redes. ¿Que los adolescentes no quieren votar a la izquierda? La culpa es de las redes. ¿Que hay casos de violencia sexual? La culpa es de las redes. ¿Que los niños sufren bullying? La culpa es de las redes. Esta simplificación de fenómenos complejos impide analizar sus causas, y tiene como resultado que no cuestionemos el papel que las instituciones juegan en su perpetuación. Por ejemplo, ¿desinforman más los TikToks de jóvenes explicando su visión de las noticias o las columnas que publican los medios tradicionales?
  8. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, una prohibición masiva de acceder a redes sociales es contraria a los derechos humanos. Los menores, al igual que las personas adultas, tienen derecho a expresarse libremente y a buscar, recibir y difundir información. Así lo establece, por ejemplo, el artículo 13 de la Convención de Derechos del Niño. Se piense lo que se piense de las redes sociales, es evidente que hoy son un espacio clave para el ejercicio de estos derechos. Y no, el fin no justifica los medios: las restricciones a los derechos humanos deben ser proporcionales. Cuesta ver la proporcionalidad en una medida que impedirá el acceso a todos los menores de 16 años, con independencia de sus circunstancias, y, a la vez, dificultará el acceso al resto y desalentará la difusión de ideas que no sean aprobadas por el gobierno o las grandes plataformas de turno.
  9. Al considerar a las redes sociales la fuente de todos los males, se ignoran conscientemente sus beneficios para los menores. Los adolescentes utilizan las redes principalmente para tener un espacio tranquilo en el que hablar con sus amigos, encontrar comunidades afines o informarse sobre temas incómodos de discutir con sus padres. Y esto es especialmente importante para les niñes de grupos discriminados. Como marica que se ha criado en un pueblo y que tenía pocos amigos en el instituto, mi adolescencia habría sido mucho más complicada si no hubiera podido conocer a gente en Internet. Las redes no solo sirven para que los bullies atormenten a su víctima: también puede ser el único lugar en el que el acosado encuentre a alguien que le trate bien. Youtube, Reddit o Instagram están llenos de recursos buenísimos sobre salud sexual, problemas de drogas, trastornos de la conducta alimentaria o violencia doméstica. Vivo más tranquilo sabiendo que, si un niño sufre maltrato en casa, podrá encontrar a alguien que le ayude en redes. Por no hablar de los adolescentes que se organizan en redes sociales para protestar contra el cambio climático o el genocidio en Gaza, o de los muchos avisos importantes que las autoridades publican en redes sociales durante una emergencia. Es más, es que es muy posible que tú que me estás leyendo hayas llegado a este post gracias a una red social. Piensa en por qué la usas, y piensa por qué una chavala de 14 años no podría querer darle el mismo uso que tú.
  10. Más allá de todos estos riesgos, ni siquiera puede garantizarse que sea una medida eficaz para los fines que busca. Los adolescentes encontrarán mil maneras de saltarse las restricciones. En Reino Unido, han usado a personajes de videojuegos para hacerse pasar por adultos cuando un mecanismo de verificación por edad les pedía hacerse un selfie. Como nos enseña la sabiduría popular, no se pueden poner puertas al campo. Aun así, tampoco parece claro que merezca la pena intentarlo. Expulsar a los adolescentes de las redes sociales los empujará a lugares de Internet mucho más desrregulados y ocultos. Eso per se, no tiene por qué ser negativo (yo me curtí en foros que hoy escandalizarían a los más biempensantes; así he salido), pero puede llegar a serlo. ¿Será entonces la respuesta limitar más nuestro uso de Internet y seguir deteriorando nuestra privacidad online, hasta que no podamos escapar de la vigilancia en redes? El tiempo lo dirá. Desde luego, las perspectivas no son halagüeñas.
Curro Peña Díaz
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He/Él. Consultor en Derechos Humanos. Doctor en Derecho por las Universidades de Málaga (España) y Milán (Italia). Ex-becario de doctrina del Tribunal Constitucional de España (opiniones personales) y, ahora, consultor en el equipo de investigación de ILGA World. Ha trabajado en proyectos de ONGs y de instituciones como el Ministerio de Igualdad español o el Consejo de Europa.

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