Lo primero que hice cuando empecé a plantearme la idea de crear un blog jurídico centrado en asuntos LGBTI fue apuntar una larga lista de todos los posibles nombres que se me venían a la cabeza. En esa tormenta de ideas, se me vino a la mente un acrónimo: Queerídico. Un blog queer y jurídico. Dos palabras que, cuando este blog apenas era una idea muy difusa en mi mente, describieron exactamente lo que quería hacer.

¿Por qué queer? ¡Queer! Ah, ¿de verdad tenemos que usar esa palabra? Es complicada (…). Queer. Es forzosamente agridulce y pintoresca. Debilitante y dolorosa. ¿No podríamos decir «gay» en su lugar? Es una palabra más luminosa. ¿Y no es también un sinónimo de «feliz»? (…) Sí, queer puede ser una palabra dura, pero también es un arma astuta e irónica que podemos arrebatarles a los homófobos y usarla contra ellos.

«THE quEER naTION MANIFESTO«, 1990.

Curiosamente, en ese momento la palabra que me parecía más problemática era «jurídico». Tras haber defendido una tesis doctoral en Derecho con una temática LGBTI, no debería darme miedo. Y, sin embargo, siempre me ha preocupado cruzar la fina línea que separa el activismo del análisis jurídico. Queerídico tiene un objetivo activista, como es contribuir al avance de los derechos humanos de las personas LGTBI. Un fin que, como he aprendido durante mi formación como investigador, no tiene por qué estar reñido con el rigor propio del Derecho.

Y sin embargo, hoy es «queer» el término que más atención negativa puede traer a este blog. No debería sorprendernos tanto: queer siempre ha sido una palabra ofensiva. En sus orígenes anglosajones, queer significa «raro» y «extraño», por lo que tampoco es sorprendente que se convirtiera en un insulto utilizado contra las personas LGBTI. Y, de la misma forma que en España conseguimos apropiarnos de «maricón» o «bollera», en Estados Unidos el movimiento LGTBI hizo lo propio con «queer». Nacía así un símbolo bajo el que podían unirse sin diluirse las identidades no normativas.

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Hoy, sin embargo, hay quien intenta resignificar una palabra para dotarla, una vez más, de connotaciones despectivas e, incluso, amenazadoras. Por eso se habla de «los queer» o «queeristas» como un enemigo abstracto y desconocido, o se acusa a las personas LGTBI de conspirar para implantar una «teoría queer». Como explica Nuria Alabao en esta columna, las teorías o estudios queer son corrientes filosóficas y académicas que, si bien han contribuido en cierta medida al avance del movimiento LGTBI, son completamente autónomas de las reivindicaciones de derechos de las personas LGTBI (o queer). Confundir ambas, bien por desconocimiento o bien interesadamente, lleva a debates tóxicos, estériles y eternos que distraen de nuestro objetivo: garantizar los derechos humanos de las personas LGTBI. La palabra queer nos pertenece, y con el título del blog quiero reafirmar el significado que las personas queer le hemos dado: un símbolo de unión en la diversidad.

Queerídico es un blog sobre derechos humanos. Es un blog jurídico porque pretende analizar la situación del colectivo LGBTI desde el Derecho, y es un blog queer porque estudia y problematiza el ordenamiento desde una perspectiva LGTBI. Es, además, un blog interseccional, pues entiende que únicamente se garantizarán los derechos humanos de las personas LGTBI cuando se protejan los de todas las personas LGTBI. No somos una teoría, somos seres humanos que exigimos derechos. Por eso es un blog jurídico y queer.

Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Este blog es un intento de contribuir al avance de los derechos del colectivo LGTBI, por lo que está abierto a cualquier sugerencia, corrección o aclaración que creas conveniente. También puedes acceder desde aquí al primer artículo de este blog.

Francisco de Asís Peña Díaz
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